Se realizó la 81ª edición de la tradicional fiesta popular
Visita de los Reyes Magos: crónica de una experiencia mágica

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Texto: María Carrillo

Fotos: Parroquia Nuestra Señora del Carmen- Gerardo Christensen- María Carrillo

La Fiesta de Reyes se realiza en Tres Arroyos desde hace la friolera de 82 años. Desde los tiempos del padre Rómulo Del Giorno hasta hoy, un número imposible de determinar de católicos tresarroyenses contribuyen desde el anonimato a hacer posible una nueva vuelta al pueblo del los entrañables Melchor, Gaspar y Baltasar.
Este año, la magia se repitió el sábado por la noche, en la plaza y en el templo de Nuestra Señora del Carmen, y se materializó el domingo por la mañana, en el clásico predio de Centro Estrada, al cual poco más de un millar de chicos se acercaron a recibir un juguete.

Un sábado de magia e ilusión
Vivir la Fiesta desde adentro es un privilegio y una emoción constante. El trabajo es incesante: dentro de la parroquia, en Centro Estrada, en cada rincón de patio del complejo, la actividad es vertiginosa y la adrenalina crece conforme las horas pasan y la hora de iniciar la magia comienza.
El sábado por la tarde Melchor, Gaspar y Baltasar visitaron el Hospital Pirovano y la Clínica Hispano y también se presentaron de sorpresa en el Asilo de Ancianos. Allí se dio uno de los mmomentos más emotivos de esta 81ª edición de la fiesta; una de las internas, entre lágrimas y emoción, los abrazó y les aseguró que con sus más de 80 años seguía creyendo en ellos.
Por la noche, ya prestos a comenzar la caravana, la lluvia amenazaba aguar la fiesta pero no pudo: la voluntad de la organización fue mayor y el cronograma de actividades comenzó dentro del templo con la actuación de loa artistas locales Virginia Ríos y Juan Nuñez.
La iglesia rebosaba de gente.
Cuando la amenaza de lluvia se dispersó, fueron los mismos Reyes Magos quienes insistieron en realizar la caravana a caballo. Y así fue: la autobomba partió desde Lamadrid y Belgrano seguida por pastorcitos, autoridades, Reyes y pajes que se detuvieron primero en el Palacio de Herodes (emplazado este año en la vereda del ex Colegio Nacional) para luego seguir viaje en procesión hasta el Pesebre Viviente ubicado en el atrio del templo parroquial.
En esas pocas cuadras, y una vez más, la magia se repitió, como cada año y desde hace casi un siglo, y las tres figuras enormes de los Santos Magos de Oriente que viajaron desde Caldea, Persia y Arabia hasta Belén para ofrendar a Cristo se hicieron presentes una vez más ante los ojos de un pueblo que cada año y aún inconscientemente se reúne a venerarlos.
A los pies de la Sagrada Familia, en el atrio del Templo del Carmen, depositaron el oro, el incienso y la mirra, y ante autoridades y pueblo pidieron a los chicos amar a Dios y ser buenos, amar a la familia y a su comunidad; a los grandes empatía, unión, tolerancia y solidaridad; al mundo entero paz y comprensión.
Culminada la fiesta hubo abrazos, y fotos, y besos: la gente no quería dejarlos ir y lo cierto es que ellos tampoco querían partir. En Centro Estrada se alzaron las copas para brindar con autoridades y colaboradores por el éxito de la última edición y una hora después, la magia se había desvanecido pero quedaba la honda satisfacción de haberlo dado todo para que, una vez más, el pueblo pudiera vivir a pleno una edición de esta tradición que nos permite a todos volver a ser niños por una noche y creer que todo es posible.

Domingo de alegría y plenitud
El domingo por la mañana, se cree que alrededor de  unos 1200 chicos se acercaron a retirar su juguete de Centro Estrada, eterno “bunker” de los Magos cuando visitan Tres Arroyos. Una vez más, la troupe de colaboradores de los Reyes de la parroquia trabajó a destajo: se sirvió agua fresca y rosca en el patio del complejo, donde la gente esperó durante horas su turno para recibir un juguete, mientras que en el interior más colaboradores parroquiales esperaban con gaseosa helada y barritas de cereal que se les compró a los empleados del ex-Laso.
Los payasos de la Compañía Había Una Vez se acercaron a alegrar la calurosa mañana y promediando el mediodía, casi a regañadientes y ya con el complejo parroquial vacío, cansados pero felices, uno a uno los colaboradores volvieron a sus casas, el corazón henchido de felicidad y plenitud. Es que servir a los demás provoca eso, la inefable convicción de haber alcanzado la paz.








 

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